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Fojo, Eugenio
Discussion id : 58-963
most recent 29 NOV 11 HIDE POSTS
 
Initial post 29 NOV 11 by Eric Timewell
First, a Spanish transcription of Joaquin Martinez Friera, 1957 Rosas de España, pages 107–11 on this breeder. Next, an English translation of the same pages by Eric Timewell and Morissey Kuc.

FOJO (EUGENIO)
Establecimientos, cultivos y viveros de La Florida. Asúa (Bilbao).
Estamos en presencía de un caso singular, Eugenio Fojo se hizo a sí mismo jardinero. El amor a las flores, le llevó a lo que él llama su carrera, no oficio, y practicándola, rodeado de sus diplomas, galardones de su mérito, piensa morir. La Florida es, pues, Eugenio Fojo. Y decir Eugenio Fojo es para los rosalistas como hablar de La Florida. Sin embargo, Eugenio Fojo jamás habla de sí mismo. Pará él, todas sus nuevas rosas no son obra suya; son, simplemente, creaciones de La Florida. Y quiere tanto a su establecimiento, que lo ha llevado a la calle para él más querida de su Bilbao: a la de la Bandera de Vizcaya. Así la eligió ex profeso, para que La Florida ondease al viento en su bandera.
Fojo nacío en 1899 en Cuba, donde suy padre, military de nuestro Ejécito, estaba destinado.
Desde muy joven se advirtieron en él aficiones a la floricultura. Fué en Asua (Bilbao) donde comenzó su aprendizaje para convertirse en floricultor. A los veinticinco años marchó a Cataluña, donde, al lado de Simón Dot y de su hijo, el actual rosalista hibridador Pedro Dot, se doctoró, sí así puede decirse, en el amor a las rosas. Por ellas, estudiándolas siempre, recorrió Inglaterra, Italia, los Estados Unidos, Suiza, Alemania …
Una charla con Fojo es por demás deliciosa. Conversador de ingenio y con simpatía personal muy acentuada, ha contribuído mucho a hacer nuevos prosélitos en favor de las rosas. Por eso, tal vez, el maestro Dot le dedicó una rosa que llevas su nombre. Esta rosa Eugenio Fojo, es finamente olorosa y luces u belleza sobre un arbusto refloreciente, espinoso y de largos tallos.
Pero sigamos hablando de La Florida. Todo cuanto de este establecimiento sabemos, nadie nos lo ha contado. Lo hemos deducido de la lectura de sus anuales catálogos. Así, conocemos el edificío en que está instalada, pues su fachada es frontis que ilustra su portada y que nosotros reproducimos con gusto. Y conocemos también el lugar donde se encuentra y los diferentes medios de comunicar con él o llegar hasta él; correo, télefono, tren u automóvil. Verlo, asimismo, en el curioso esquema que reproducimos. Y también en el otro no menos original del poste indicador, para evitar extravios, en el que en lo más alto y en primer término, figuran, ¡cómo no!, las dos palabras para él más preciadas: Rosas y La Florida. La Florida—seguimos tomando notas de sus catálogoes—está dispuesta a enseñar al que no sepa, a ilustrarle con sus consejos y a facilitarle cuantos datos se necesiten para lograr el éxito. Todo gratuitamente, ya que La Florida, más que clients, desea amigos que profesen profundo amor a las flores. Para eso, La Florida dispone de personal especializado como ingenieros, arquitectos paisajistas, delineantes, topógrafos, dibujantes, agrimensores, cuya mission es la construcción de Parques, Jardines y Rosaledas. Y dispone, además, de un cuerpo de podadores nacionales y extranjeros que, sabiendo bien su oficio, pueden acudir anualmente a donde sean requieridos para la conservación y mejora de los jardines.
La Florida también tiene su emblema. Consiste en un circulo que encierra un rosal de largas races y de cortos tallos, rodeado de un lema: “Ante todo, calidad.” Esta imagen viene a significar arraigue seguro y vegetación racional, que es el consejo que La Florida sabiamente nos da, diciéndonos al hablar de los rosales de alta vara que ella no vende los de medio tallo, ni plantas torcidas, sino plantas de altura superiores a un metro y con las raices dispuestas en manifiesta uniformidad. Y es tal su seguridad en la buena calidad que ofrece, que afirma de modo rotundo, al hablar de los trepadores. Que ningún establecimiento similar puede presentar ni tan excelentes variedades ni tan extenso surtido. Esto justifica los precios, quizá un poco más elevados—a los de los rosales me refiero—que los de otros establecimientos. Su clientela y sus amigos no le abandonan por eso.
Y si de los catálogos pasamos a sus observaciones prácticas, cofirmaremos la originalidad de este rosalista hibridador. “Los rosales bajos—dice—deben ser plantados con la parte donde está su injerto fuera da la tierra. La razón es muy sencilla: ¿duerme usted con la cabeza debajo de la almohada? No; pues sepa usted que el injerto es la cabeza del rosal.” Mejor que fotografia de Fojo, publicamos uin pequeño dibujo que, en siluetas, nos lo representa hablando con su nuevo jardiniero. La pregunta-anterior parece salir de su labios, ¿verdad? Y la extrañeza del jardinero ante tal pregunta, parece estar bien reflejada en el dibujo.
“¿Plantar rosales en maceta? No—me dijo Fojo en una occasion—. La razón es muy sencilla: los rosales en maceta son como pájaros enjaulados. Se desarrollan, sí, y dan flores, como viven y cantan los pájaros. Pero si un dia se aleja uno de vacaciones y la persona encargada se olvida de cuidarlos, ¡adiós rosales! En cambio, si hubiera sido plantados en plena iterra, como los pájaros en libertad, al regresar de vacaciones, los encontraríamos tan alegres, pues ellos saben buscar por sí mismos el alimento.” Así me dijo Fojo que le había contado otro rosalista. Yo me creo, más bien, que es cosa suya.
Nos hemos extendido quizá demasiado, en los comentarios sobre la personalidad de Fojo y las particularidades de ses catálogos; hablemos, para terminar, de la obra de Fojo como rosalista-hibridador.
“Yo no tengo—me dijo con gracia—más que petites birrias. No soy un hibridador de primera fila, pero sí estoy orgulloso de poner a disposicíon de mis amigos las mejores creaciones de otros que me aventajan.”
Puedo deciros que la obra de Fojo es de interés. Su primera rosa fué creada en 1932, y como no podia ser por menos, le puso como nombre La Florida. Con ella—de color salmón claro—ganó su primer diploma de Mérito, en Barcelona (Concurso de Pedralbes).
Le siguió a ésta, en 1933, la que le puso por nombre Villa de Bilbao. Como se ve, el de la cuidad de sus amores. Y en el mimso año, Serafina Longa. Y en 1934 obtiene, con Irene Churruca, su gran triunfo, al ganar la Medalla de Oro, también en el Concurso de Pedralbes. Venen después Señora de León Aujuria (1935) que no es creación que le agrada: Monte Igueldo (1944); Condesa de Benahavis (1949), que le satisface en gran manera, porque la considera rosa perfecta, por lo vistoso de su tonalidad rosa salmón, por su perfume y por su contrinua floración; Gloria de Grado (1950), y últimamente la llamama Marquesa de Narros.
Cuando Fojo es amigo, la Amistad jamás se trunca por su cupla. Habla de sus amigos con vehemencia y pasíon. Y sabe siempre mostrarles agradecimiento. Así ocurrió con sus variedades Serafina Longa, Irene Churruca y Condesa de Benahavis, diedicadas a las distinguidas damas que llevan estos nombres y títulos. Todas fueron sus mentoras y le ayudaron en la realizacíon de sus proyectos de jardinería y floricultura. Su obra más reciente fué el jardin de la posesión “Santa Marta”, en Somió (Gijón), propiedad de la última dama sobresalen, entre otras flores, las más selectas variedades de rosas.
Una enfermedad a la vista impide a Fojo hacer nuevas creaciones. Hacemos votos, de todo corazón, para que pronto vuelva a su pasión favorita, para contento de los que con gran placer seguimos su obra, y le alentamos desde aqui para que dé a la publicidad el Diccionario de plantas, que hace años está preparando.
FOJO (EUGENIO)
Facilities, nursery and fields of La Florida, Asúa (Bilbao)
Here we have a singular case, Eugenio Fojo, [a rose hybridiser] who himself chose to be a gardener. The love of flowers led him to what he calls his career, profession, and practice, surrounded by his diplomas, awards of merit, mementos. La Florida is, therefore, Eugenio Fojo. To talk about Eugenio Fojo is to talk about La Florida. However, Eugenio Fojo never speaks of himself. For him, new roses are not his doing, they are simply creations of La Florida. He wants his nursery to show his love of Bilbao and the Biscay flag. The Biscay flag stands tall at La Florida, flowing proudly in the breeze.
Fojo himself was born in 1899 in Cuba, where his father, an officer in the Army, was stationed.
His love of flowers was apparent from a young age. It was in Bilbao, northern Spain, where he began an apprenticeship in floriculture. At the age of 25 he went to Catalonia to work with Simon Dot and, the actual rose hybridiser, his son Pedro Dot, a doctorate, if I may put it that way, in the love of roses. Fojo’s study of roses led him to visit England, Italy, the United States, Switzerland and Germany …
A chat with Fojo was intriguing. His conversational wit and great personal charm have done much to make new converts to roses. For that reason, perhaps, maestro Dot gave him the rose that bears his name. The rose Eugenio Fojo is a finely fragrant flower, beautifully unfurled, amidst a densely stemmed, thorny bush.
But let’s talk about La Florida. Everything we know about this business, nobody has told us but we have deduced from reading its annual catalogues. So, we know how the building is set up, and how its façade looks, the façade we reproduce [in a photo] with gusto. And we also know where it is and what are the different means of communicating with it: post, telephone, train or automobile. We can see also the curious structure of its plan. And in the no less original signs to warn off thieves, there at the top and in the foreground are, how not? his two most precious words: Roses and La Florida. La Florida—-continuing to review its catalogues—is willing to teach, to learn, to illustrate its advice and provide whatever data are needed for success. All free, for at La Florida people, rather than clients, are like friends who profess a deep love for flowers. For them, La Florida has such specialised personnel as engineers, landscape architects, draftsmen and surveyors whose mission is to build parks, gardens and rose gardens. And it has also a body of national and foreign pruners, knowing their trade well, who can go where they are annually required for the preservation and enhancement of the gardens.
La Florida also has its emblem. It consists of a circle enclosing a rose bush and its long and short stems and roots, surrounded by a motto: “First of all, quality.” This image is a guarantee that plant roots will be functional. That is the advice La Florida wisely gives us, telling us to note the tall standard roses, which it does not sell as half-height or crooked plants but as plants over a metre high with their roots arranged in evident uniformity. And such is the secure quality it is offering that it says outright, speaking of the climbers, that no similar establishment may have so good nor so extensive an assortment of varieties. This justifies the price, maybe a little higher—for the roses, I mean—than at other facilities. His customers and his friends have not abandoned him because of it.
And if we catalogue his practical observations, it confirms his originality as a rose hybridizer. “Low roses [he says] should be planted with the graft above ground. The reason is very simple: Do you sleep with your head under the pillow? No, because you know the graft is the head of the rose.” To photograph Fojo at his best, we publish a small picture in silhouette of him talking to his new gardener. The above question above seems to leave his lips: “Isn’t that so?” And the strangeness to the gardener of the question seems well shown in the picture.
Growing roses in pots? Never! Fojo said to me once ... “The reason is simple; potted roses are like birds in cages; they cannot spread their magnificent wings, or sing with full breath.
“One day, one goes on holiday and leaves someone to tend to them. This person may forget to care for them and then you may say good-bye to the roses! But planted in earth, as free as a bird in the wild, you return from holiday to find them in perfect health; for they take care of themselves, just as wild birds would.” Fojo had mentioned this to many rose lovers, but whether they heeded his advice was up to them.
Next we discuss Fojo’s comments on the content and style of his catalogues, as well as his professional work as a rose hybridiser.
“I have done no more, if I may say so, than bits and pieces. I’m not a hybridiser of the highest class, but I am proud to place my creations alongside those of my friends, who are among the highest achievers."
Fojos own work was interesting. His first rose was created in 1932 and was of course named La Florida after his nursery. It was of a distinct salmon colour and earned him a diploma of merit in Barcelona’s rose competition held in Pedralbes.
Following this, in 1933 he named Villa de Bilbao after his beloved city. In the same year he created Serafina Longa. And in 1934 produced Irene Churruca, which, with great triumph, won the Floral Gold Medal, also in Barcelona.
In 1935, he created Señora de León Aujuria, not a rose anyone cares for. Monte Igueldo came out in 1944; Condesa de Benahavis in 1949 was very pleasing, considered a perfect rose; it had an attractive shade of salmon pink, excellent perfume and displayed continuous flowering. After this came Gloria de Grado (1950), and finally one called Marquesa de Narros.
Those close to Fojo knew of his spirit; he never withheld his vehement intensity and passion and always showed his appreciation. He created roses named after his mentors: so it was with the varieties Serafina Longa, Irene Churruca and Condesa de Benahavis, named after the distinguished ladies bearing those names and titles. These influential women assisted him in realising his floricultural achievements. His most recent work was the garden of the “Santa Marta” property in Somió (Gijón), owned by the last lady, where among other flowers there stand out the choicest varieties of roses.
Unfortunately, poor eyesight prevents Fojo from making any new creations. I hope with all my heart he will continue to share his work so that it may be equally enjoyed by all who see it. It is also to be hoped that his work, The Dictionary of Plants, which has been in preparation for years, will be published.
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Discussion id : 57-448
most recent 23 SEP 11 HIDE POSTS
 
Initial post 23 SEP 11 by Eric Timewell
As it stands, this breeder entry is not correct. La Florida was a business in the way Hortico is a business. The breeder, who worked for and probably part-owned La Florida, was Eugenio Fojo, born in Cuba 1899 and taught by Pedro Dot in Catalonia from 1924. Fojo called his first rose La Florida after the business.
The authority in Spanish is Rosas de España, 1957, by Joaquin Martinez Friera. Pages 107–111 are devoted to Eugenio Fojo. By 1932 Fojo had his own business in Bilbao, the Basque Country, where he became the leading garden designer, nurseryman and rose breeder.
This is confirmed In the June 2011 newsletter of the World Rose Federation, where Pilar López Rodríguez lists Pedro Dot's contemporaries, saying on page 26 "and in Bilbao, Eugenio Fojo, a rose breeder for a store called La Florida."
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Reply #1 of 1 posted 23 SEP 11 by jedmar
Thank you, we have corrected the name and address of the breeder.
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